domingo, 22 de febrero de 2026

Cuando Preguntar ¿Cómo estás? es solo una fórmula de cortesía.






 Cuando no podemos decir que “estamos mal” cuando nos preguntan ¿Cómo estás?


Muchas veces, más de las que uno quisiera, nos encontramos cara a cara con esta pregunta proveniente de quien sea que nos encontremos durante el día:

-¿Cómo estás?

Y lo más probable es que la respuesta sea:

-¡Bien!


Ahora pensemos: ¿esta respuesta es veraz en realcióna la pregunta? Veamos como nos lo define y construye S.Freud en sus escritos:

El tema principal es el irremediable antagonismo existente entre las exigencias pulsionales y las restricciones impuestas por la cultura.[3]​ Es decir, una contradicción entre la cultura y las pulsiones donde rige lo siguiente: mientras la cultura intenta instaurar lo social , restringe para ello el despliegue y la satisfacción de las pulsiones sexuales y agresivas, transformando una parte de la pulsión agresiva en sentimiento de culpa. CUlturas alternativas:El proceso de conversión de una alternativa a norma puede darse de diversas maneras:

  • Aceptación social y práctica común:
    Si una alternativa (como el trabajo remoto, o un horario flexible) demuestra ser efectiva y beneficiosa, es probable que más personas la adopten. Con el tiempo, esta adopción generalizada puede llevar a que se considere la norma, especialmente si es respaldada por empresas, instituciones, o incluso regulaciones. En algunos casos, una práctica alternativa puede convertirse en costumbre a medida que se repite y se acepta con el tiempo. 

Por eso, también se puede afirmar que el tema central del Malestar en la cultura es la culpa.Por eso, la cultura genera insatisfacción y sufrimiento. Cuanto más se desarrolla la cultura, más crece el malestar.


Este planteamiento no resulta novedoso en Freud, habida cuenta de su enfoque en sus primeros escritos psicológicos. En esta obra, sin embargo, Freud evalúa más claramente el papel cumplido en estas restricciones por las influencias interiores y exteriores, sus efectos recíprocos, la hipótesis del superyó, y la indagación y elucidación de la naturaleza del sentimiento de culpa.

Acaso haya perjudicado el edificio del ensayo, pero ello responde enteramente al propósito de situar al sentimiento de culpa como el problema más importante del desarrollo cultural, y mostrar que el precio del progreso cultural debe pagarse con el déficit de dicha provocado por la elevación del sentimiento de culpa.

El malestar en la cultura. Capítulo VIII. Pág. 130.


Freud identificó dos pulsiones básicas en todos los seres humanos: Eros (la pulsión de vida) y Thanatos (la pulsión de muerte). La interacción de estas fuerzas, según el psicoanálisis, está en la base de gran parte de nuestros comportamientos y experiencias emocionales,

Eros, Dios del amor y de la unión, representa los instintos de autoconservación y la vida sexual, en cambio Thánatos, Dios de la muerte, representa aquellos instintos destructivos propios de todo individuo, entre ellos el sadismo y el masoquismo.

La sublimación es un proceso por el cual los instintos, que se originan en el id (la parte del aparato psíquico que contiene los instintos básicos, según la teoría psicoanalítica de Freud), se transforman en algo que es socialmente deseable y conscientemente aceptable.

lo artístico y lo intelectual: sublimar consistiría en mudar el fin pulsional hacia una actividad desexualizada, intentando su realización, por ejemplo mediante tareas creativas o de prestigio social: arte, religión, ciencia, política, tecnología.




que la supresión de este instinto es la verdadera causa de la necesidad de restricciones de la civilización. La vida y la civilización, entonces, nacen y se desarrollan a partir de una eterna lucha entre estas dos fuerzas interpersonales de amor y odio.[4]

En resumen, en El malestar en la cultura hizo explícita su concepción del mundo, subrayando el sometimiento de la civilización a las necesidades económicas, que imponen un pesado tributo tanto a la sexualidad como a la agresividad, a cambio de un poco de seguridad.



La ilustración me pertenece.

Adriana Bonza

Lic en Psicología


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